Rapiña o F4.14

Diario de viaje. Día 7.

Creen. Dicen «que Dios te proteja» y se emocionan cuando escuchan que hay alguna bendición oculta entre tanta ruina. Creen, aunque sus esperanzas parecen velas encendidas: necesitan cuidado para continuar iluminando. ¿Alguna vez le pasó?

La noche que llegué, la prensa internacional se hacía eco de la situación. Incluso había algún que otro corresponsal merodeando (práctica en extinción: las grandes cadenas solo despliegan Enviados Especiales a zonas de interés para su agenda y solo si les resulta redituable). En las redes sociales #TerremotoEcuador resistía sus últimas horas al final de las listas de tendencia y logré ver, de rebote, imágenes de bidones de agua con mensajes de afecto evangélico: «el Señor te ama», «tenga confianza, no está solo»; «Ánimo, el Padre los cuida». Y versículos en los comentarios, donde aparecía resaltado: «todo lo puedo en Cristo que me fortalece». Así, sin referencia.

No hace falta, la recordamos. Incluso rima y viene a la mente con facilidad:

Todo-lo-puedo-en-Cristo-que-me-fortalece-filipenses-cuatro-trece, repetía de niño en la escuelita bíblica.

Me enseñaron ese versículo de memoria, solo que nunca presté atención al siguiente.

**

Fueron días intensos y complicados, pero esto recién comienza; la magnitud del impacto supera lo que se reflejó en las noticias: se cometió el gravísimo error de comparar este terremoto con otros a partir de las muertes y se pretendieron conclusiones desde allí. Hay intangibles de medición compleja, no sólo daños emocionales o psicológicos; no sólo estructurales. Me tocó escuchar vecinos afectados que proponen como explicación a la catástrofe un castigo divino.

—Chuta, sí oiga. Encima tanto deslave hermano, esto no es casual.

Presuposición que recibió certificación oficial: el presidente Correa dijo anoche en conferencia de prensa que la naturaleza los había golpeado fuerte y concluyó: «Diosito nos está dando una prueba muy grande».

Por la tarde, doña Sandra —de San Vicente, sesenta y siete, abuela sola— contaba que había ido al hospital móvil para atenderse y le habían robado las pocas cosas valiosas que rescató después de que se le viniera abajo la casa. Lloraba.

La sensación de vértigo ante la inseguridad y el desánimo están lastimando a poblaciones enteras. La inestabilidad hiere a largo plazo.

Hasta hoy, la comunidad internacional permaneció casi ausente o distraída. Y sin colaboración, la reconstrucción integral será muy difícil.

Preocupa que la solidaridad comience a competir con la rapiña, pero se puede evitar. Fíjese, lo dice el versículo siguiente.

columnistas adra migue ok

Facebook ADRA Ecuador

ADRA en Twitter

ADRA Recomienda

http://www.adventistas.org/es/voluntarios/
http://www.vidaporvidas.com/es/
http://rompiendoelsilencio.org/
http://www.adventistas.org/es/adra/
http://www.adra.org/site/PageServer