En el infierno hay cangrejos

Diario de viaje. Día 3

Se aferra a un trozo de paragolpes destruido. No lo suelta, lo abraza; mira la matrícula y la limpia con cuidado, acariciándola. A pocos metros, maquinaria pesada remueve broza y deja al descubierto el chasis de una camioneta blanca.

No puedo ver sus ojos. Hay enormes cangrejos de hierro que escarban sin parar y levantan polvo. Cangrejos amarillos de nombre raro: Komatsu, Henay, Cat. La banda sonora de Pedernales es siniestra: percusión arrítmica, metales y cobres, golpes secos de escombros que caen en tono grave y chirridos agudos como arañazos en la pizarra. Aprieto la mandíbula obligado. Ella permanece cerca de la remoción, con lo que queda del paragolpes en los brazos.

      con lo que queda

en los brazos

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Salimos hacia Pedernales de madrugada en una 4x4 que maneja Migue, tocayo y colega de Multimedia Nuevo Tiempo. Adelante va su novia, Vanessa. A mi lado, Marco. Todos periodistas. Son muy chéveres. Conversamos sobre las últimas novedades que logramos enterarnos las veces que entra una línea de señal en los celulares. Quiero distraerme mirando por la ventana los racimos de casas dispersas en las montañas, pero la ansiedad me gana de mano al acercarnos a la ciudad.

Pedernales fue el génesis: el lugar donde nació el nombre de Ecuador.

También fue paraíso: se promocionaba como el lugar perfecto para relajarse y pasar unas vacaciones inolvidables. El portal web Destino Ecuador todavía publicita que existe una infraestructura hotelera que permite pasarla a lo grande, sin mayores preocupaciones.

Llegamos temprano, por la mañana, el sol ya iluminaba el infierno. En este infierno hay soldados, funcionarios y trabajadores municipales; algunos animales sueltos, nubes de polvo en el aire; niños hurgando entre los escombros, niños tristes de mirada extraviada, calzados de niños entre las ruinas. Se puede ver bomberos agotados, madres cocinando en la vereda, pobladores esperando.

En este infierno también hay gente de difícil tipificación, que se saca selfies ante el dolor ajeno para postear: miren chicas donde estoy / emoticón / me gustas.

Apocalipsis de olor feo.

Una vecina —Rocío— me dice que son los cadáveres. Sostiene una bebé en brazos y entretiene como puede otros seis pequeños. «Son los cadáveres que están en descomposición. Y son muchos. Por ahí andan publicando que quedan unos cuantos nomás, pero es mentira. Hay mucha gente ahí abajo.»

Otros, en cambio, se tapan la nariz y dicen que no: «es el agua empozada, estancada, y la basura tirada que se está pudriendo».

Pedernales fue el génesis del terremoto: la zona cero. El comienzo de la devastación.

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...

Era un hotel de cinco plantas, me comenta un brigadista y mira de costado a la joven, que sigue ahí parada, callada, abrazando el trozo de paragolpes de la camioneta blanca.

Las cangrejos ya la tienen. La van a sacar.

Una periodista toma coraje, se acerca y le pregunta si es su carro.

—No. Es el de mi hermana.

—¿Tu hermana está bien?

— …ella… ella, falleció.

—¿Allí? —pregunta la periodista señalando la camioneta.

—No, mi hermana está en el hotel.

Le dijo así: en presente simple y se largó a llorar.

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